¿Cuánto debería importar el sexo? (I)

¿De verdad es tan esencial que cada uno de los seres humanos sea etiquetado como “hombre” o como “mujer”, de conformidad con su sexo biológico?

Esta opinión se desprende de dos autores: Agata Sagan, investigadora independiente en Varsovia, y Peter Singerprofesor de Bioética en la Universidad de Princeton. Gracias al aporte de Karina Zabaleta, hoy queremos discutir el tema de la sexualidad en cuánto al género. Para ello, tenemos dos opiniones encontradas, cara a cara, y queremos que vos seás parte de la discusión. La de estos académicos ilustra su punto así:

La candidata a Miss  Canadá fue descalificada por no haber nacido como mujer

Jenna Talackova llegó a la fase final para la selección de la candidata a Miss Universo por Canadá el mes pasado, antes de ser descalificada porque no era una mujer “nacida como tal de forma natural”. Esa alta y hermosa rubia dijo a los medios de comunicación que se había considerado mujer desde que tenía cuatro años de edad, había iniciado el tratamiento hormonal a los catorce y se había sometido a una operación quirúrgica de cambio de sexo a los diecinueve. Su descalificación plantea la cuestión de lo que de verdad significa ser una “Miss”.

¿De verdad es tan esencial que cada uno de los seres humanos sea etiquetado como “hombre” o como “mujer”, de conformidad con su sexo biológico?

Las personas que cruzan los límites del sexo padecen una clara discriminación. El año pasado, el Centro Nacional para la Igualdad Transexual y la Organización Nacional de Gais y Lesbianas, ambas organizaciones de Costa Rica, publicaron una encuesta según la cual la tasa de desempleo entre los transexuales es el doble de la de las demás personas. Además, el 90 por ciento de los encuestados que tenían un empleo informaron sobre alguna forma de malos tratos en el trabajo, como, por ejemplo, acoso, ridiculización, comunicación inapropiada de información sobre ellos entre los supervisores y los compañeros de trabajo o problemas con el acceso a los aseos.

Los niños que no se identifican con el sexo que se les asignó al nacer, se encuentran en una situación particularmente incómoda y sus padres afrontan una disyuntiva difícil. Aún no disponemos de los medios para convertir a niñas en niños biológicamente normales o viceversa. Aunque pudiéramos hacerlo, los especialistas desaconsejan dar pasos irreversibles para convertirlos en el sexo con el que se identifican.

Rigidez binaria. Pero el problema más general sigue siendo el de que las personas que no están seguras de su identificación sexual, que alternan su identificación entre un sexo y el otro, o tienen a la vez órganos sexuales femeninos y masculinos que no encajan en la dicotomía normal hombre/mujer.

El año pasado, el Gobierno de Australia abordó el problema al facilitar pasaportes con tres categorías: masculino, femenino e indeterminado.

El nuevo sistema australiano permite también a las personas elegir su identidad sexual, que no tiene por qué coincidir con el sexo que se les asignó al nacer. Ese abandono de la rígida caracterización habitual es una muestra de respeto a las personas y, si se llega a adoptar ampliamente en otros países, librará a muchas personas del fastidio de explicar a los funcionarios de inmigración la discrepancia entre su aspecto y el sexo registrado en su pasaporte.

Podemos preguntarnos si de verdad es necesario que preguntemos a las personas con tanta frecuencia de qué sexo son. ¿Será el deseo de conocer dicha información un residuo de una época en la que las mujeres estaban excluidas de una gran diversidad de funciones y cargos y, por tanto, se les denegaban los privilegios que los acompañan? Tal vez la eliminación de las ocasiones en las que se formula esa pregunta sin un motivo válido no solo facilitaría la vida a aquellos a quienes no se puede incluir en categorías estrictas, sino que, además, contribuiría a reducir la desigualdad en el caso de las mujeres.

Puedes leer su texto completo, que fue publicado en el periódico La Nación de Costa Rica, aquí.

Los autores terminan preguntándose ¿qué tendría de malo eliminar “los moldes sexuales concretos” en qué categorizamos a la gente? ¿Qué pensás? ¿Debería uno tener la libertad de elegir su identidad sexual en independencia de la que se le asignó al nacer?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s